miércoles, 9 de marzo de 2016

Las 4 etapas del desarrollo cognitivo de Jean Piaget

Un resumen sobre la teoría del psicólogo suizo.
Jean Piaget es uno de los psicólogos e investigadores más importantes de la historia, y a él le debemos gran parte de lo que hemos ido descubriendo por medio de la psicología del desarrollo
Dedicó gran parte de su vida a investigar el modo en el que evolucionan tanto nuestro conocimiento acerca del entorno como nuestros patrones de pensamiento dependiendo de la etapa de crecimiento en la que nos encontramos, y es especialmente conocido por haber propuesto varias etapas de desarrollo cognitivo por los que pasamos todos los seres humanos a medida que crecemos.
Este artículo ofrece una breve explicación acerca de estas fases del desarrollo planteadas por Piaget.
¿Etapas de crecimiento o de aprendizaje?
Es muy posible caer en la confusión de no saber si Jean Piaget describía etapas de crecimiento o de aprendizaje, ya que por un lado habla sobre factores biológicos y por el otro de procesos de aprendizaje que se desarrollan a partir de la interacción entre el individuo y el entorno.
La respuesta es que este psicólogo hablaba de los dos, aunque centrándose más en los aspectos individuales que en los aspectos del aprendizaje que están ligados a las construcciones sociales.
Piaget sabía que es absurdo intentar tratar por separado los aspectos biológicos y los que hacen referencia al desarrollo cognitivo, y que, por ejemplo, es imposible dar con un caso en el que en bebé de dos meses haya tenido dos años para interactuar directamente con el ambiente. Es por eso que para él el desarrollo cognitivo informa sobre la etapa de crecimiento físico de las personas, y el desarrollo físico de las personas da una idea sobre cuáles son las posibilidades de aprendizaje de los individuos.
Sin embargo, para entender las etapas de desarrollo cognitivo de Piaget es necesario saber desde qué enfoque teórico parte su autor.
Recordando el enfoque constructivista
Tal y como explicó Bertrand en su artículo sobre la teoría del aprendizaje de Jean Piaget, el aprendizaje es para este psicólogo un proceso de construcción constante de nuevos significados, y el motor de esta extracción de conocimiento a partir de lo que se sabe es el propio individuo. Por lo tanto, para este psicólogo suizo el protagonista del aprendizaje es el propio aprendiz, y no sus tutores ni sus maestros. Este planteamiento es llamado enfoque constructivista, y enfatiza la autonomía de la que disponen los individuos a la hora de interiorizar todo tipo de conocimientos.
Sin embargo, que el motor del aprendizaje sea el propio individuo no significa que todos tengamos total libertad para aprender ni que el desarrollo cognitivo de las personas se vaya realizando de cualquier manera. Si así fuese, no tendría sentido desarrollar una psicología evolutiva dedicada a estudiar las fases de desarrollo cognitivo típicas de cada etapa de crecimiento, y está claro que hay ciertos patrones que hacen que personas de una edad parecida se parezcan entre sí y se distingan de gente con una edad muy diferente.
Este es el punto en el que cobran importancia las etapas de desarrollo cognitivo propuestas por Jean Piaget: cuando queremos ver cómo encaja una actividad autónoma y ligada al contexto social con los condicionantes genéticos y biológicos que se van desarrollando durante el crecimiento. Los estadios o etapas describen el estilo en el que el ser humano organiza sus esquemas cognitivos, que a su vez le servirán para organizar y asimilar de una u otra manera la información que recibe sobre el entorno, los demás agentes y él mismo.
Cabe destacar, sin embargo, que estas etapas de desarrollo cognitivo no equivalen al conjunto de conocimiento que típicamente podemos encontrar en personas que se encuentran en una u otra fase de crecimiento, sino que describen los tipos de estructuras cognitivas que se encuentran detrás de estos conocimientos.
A fin de cuentas, el contenido de los diferentes aprendizajes que uno lleva a cabo depende en gran parte del contexto, pero las condiciones cognoscitivas están limitadas por la genética y la manera en la que esta se va plasmando a lo largo del crecimiento físico de la persona.
Las cuatro etapas del desarrollo cognitivo
Las fases de desarrollo expuestas por Piaget forman una secuencia de cuatro períodos que a su vez se dividen en otras etapas. Estas cuatro fases principales quedan enumeradas y explicadas brevemente a continuación.
1. Etapa sensorio - motora o sensiomotriz
Se trata de la primera fase en el desarrollo cognitivo, y para Piaget tiene lugar entre el momento del nacimiento y la aparición del lenguaje articulado en oraciones simples (hacia los dos años de edad). Lo que define esta etapa es la obtención de conocimiento a partir de la interacción física con el entorno inmediato. Así pues, el desarrollo cognitivo se articula mediante juegos de experimentación, muchas veces involuntarios en un inicio, en los que se asocian ciertas experiencias con interacciones con objetos, personas y animales cercanos.
Los niños y niñas que se encuentran en esta etapa de desarrollo cognitivo muestran un comportamiento egocéntrico en el que la principal división conceptual que existe es la que separa las ideas de "yo" y de "entorno". Los bebés que están en la etapa sensorio-motora juegan para satisfacer sus necesidades mediante transacciones entre ellos mismos y el entorno.
A pesar de que en la fase sensoriomotriz no se sabe distinguir demasiado entre los matices y sutilezas que presenta la categoría de "entorno", sí que se conquista la comprensión de la permanencia del objeto, es decir, la capacidad para entender que las cosas que no percibimos en un momento determinado pueden seguir existiendo a pesar de ello.
2. Etapa preoperacional
La segunda etapa del desarrollo cognitivo según Piaget aparece más o menos entre los dos y los siete años.
Las personas que se encuentran en la fase preoperacional empiezan a ganar la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, actuar y jugar siguiendo roles ficticios y utilizar objetos de carácter simbólico. Sin embargo, el egocentrismo sigue estando muy presente en esta fase, lo cual se traduce en serias dificultades para acceder a pensamientos y reflexiones de tipo relativamente abstracto.
Además, en esta etapa aún no se ha ganado la capacidad para manipular información siguiendo las normas de la lógica para extraer conclusiones formalmente válidas, y tampoco se pueden realizar correctamente operaciones mentales complejas típicas de la vida adulta (de ahí el nombre de este período de desarrollo cognitivo). Por eso, el pensamiento mágico basado en asociaciones simples y arbitrarias está muy presente en la manera de interiorizar la información acerca de cómo funciona el mundo.
3. Etapa de las operaciones concretas
Aproximadamente entre los siete y los doce años de edad se accede al estadio de las operaciones concretas, una etapa de desarrollo cognitivo en el que empieza a usarse la lógica para llegar a conclusiones válidas, siempre y cuando las premisas desde las que se parte tengan que ver con situaciones concretas y no abstractas. Además, los sistemas de categorías para clasificar aspectos de la realidad se vuelven notablemente más complejos en esta etapa, y el estilo de pensamiento deja de ser tan marcadamente egocéntrico.
Uno de los síntomas típicos de que un niño o niña ha accedido a la etapa de las operaciones concretas es que sea capaz de inferir que la cantidad de líquido contenido en un recipiente no depende de la forma que adquiere este líquido, ya que conserva su volumen.
4. Etapa de las operaciones formales
La fase de las operaciones formales es la última de las etapas de desarrollo cognitivo propuestas por Piaget, y aparece desde los doce años de edad en adelante, incluyendo la vida adulta. 
Es en este período en el que se gana la capacidad para utilizar la lógica para llegar a conclusiones abstractas que no están ligadas a casos concretos que se han experimentado de primera mano. Por tanto, a partir de este momento es posible "pensar sobre pensar", hasta sus últimas consecuencias, y analizar y manipular deliberadamente esquemas de pensamiento, y también puede utilizarse el razonamiento hipotético deductivo.
¿Un desarrollo lineal?
El hecho de ver expuesto de esta manera un listado con etapas de desarrollo puede dar a pensar que la evolución de la cognición humana de cada persona es un proceso acumulativo, en la que varias capas de información se van asentando sobre los conocimientos previos. Sin embargo, esta idea puede llevar a engaño.
Para Piaget, las etapas de desarrollo indican las diferencias cognitivas en las condiciones de aprender. Por tanto, aquello que se aprende sobre, por ejemplo, el segundo período de desarrollo cognitivo, no se deposita sobre todo lo que se ha aprendido durante la etapa anterior, sino que lo re configura y lo expande hacia varios ámbitos de conocimiento.
La clave está en la re configuración cognitiva
En la teoría piagetiana, estas fases se van sucediendo una tras otra, ofreciendo cada una de ellas las condiciones para que la persona en desarrollo vaya elaborando la información de la que dispone para pasar a la siguiente fase. Pero no se trata de un proceso puramente lineal, ya que lo que se aprende durante las primeras etapas de desarrollo se reconfigura constantemente a partir de los desarrollos cognitivos que vienen después.
Por lo demás, esta teoría de las etapas de desarrollo cognitivo no fija límites de edad muy fijos, sino que se limita a describir las edades en las que son comunes las fases de transición de una a otra. Es por ello que para Piaget es posible encontrar casos de desarrollo estadística mente anormal en las que una persona tarda en pasar a la siguiente fase o bien llega a ella a una edad temprana.


jueves, 25 de febrero de 2016

5 Maneras de enseñar a premiar el error entre tus alumnos
Sí, has leído bien. Se puede y se debe premiar del error. Hay que enseñar a premiar el error. ¿Por qué? Muy sencillo. Premiando el error consigues que tus alumnos ganen en confianza, refuercen su autoestima y mejoren su auto concepto. La escuela desde siempre ha castigado el error, lo ha penalizado. Y ese ha sido uno de sus mayores errores. Y te diré por qué. Pues porque un alumno que nunca se equivoca nunca aprenderá nada nuevo. En este artículo tengo la intención de enseñarte 5 formas de premiar el error entre tus alumnos para fortalecer su autoestima. ¿Me acompañas?
1. Premiar las intervenciones, no las respuestas. Intenta dejar muy claro desde el principio que el error forma parte del aprendizaje. Del error se puede aprender, del error te puedes reír, no de los compañeros, sino conlos compañeros Por eso, tienes que premiar la acción y la participación y dar un valor secundario a las respuestas que te den tus alumnos. Si premias las intervenciones, entonces harás que tu clase sea más participativa, más plural, que todos los alumnos tomen el riesgo de equivocarse. Todos, sin excepciones.
2. Modificar la percepción en pruebas y exámenes. Refuerza los aciertos. En pruebas y exámenes puedes incidir en los aciertos o reforzar los errores. Fíjate en la diferencia que existe entre estas frases:
·         Castiga el error: Tienes siete errores. 
·         Castiga el error: Sólo has acertado tres de las diez preguntas de la prueba.
·         Premia el error: Has conseguido tres aciertos. Si te esfuerzas un poco más seguro que conseguirás aumentar el número de respuestas acertadas.
3. Insistir en que el error es el inicio de la respuesta correcta. Es muy frecuente preguntar oralmente a los alumnos. En el caso de que se equivoquen a la hora de responder, aprovecha este error para centrarte en la respuesta que ha dado, no en la pregunta que tú querías que diera. Fíjate en este posible diálogo entre docente y alumno:
·         Docente: ¿A qué categoría gramatical pertenece la palabra ‘hermoso’?
·         Alumno: Es un sustantivo.
·         Docente: ¿Cómo termina la palabra?
·         Alumno: En -oso.
·         Docente: Busca una palabra que acompañe a hombre y que acabe en -oso.
·         Alumno: Hombre furioso.
·         Docente: ¿Cómo definirías furioso?
·         Alumno: Es una cualidad.
·         Docente: ¿Y a qué categoría pertenecen las cualidades?
·         Alumno: A la categoría del adjetivo.
·         Docente: ¿Puedes poner la palabra ‘hermoso’ a continuación de la palabra hombre?
·         Alumno: Si, hombre hermoso.
·         Docente: Por tanto, hermoso es una cualidad.
·         Alumno: Sí, así es.
·         Docente: Entonces, ¿a qué categoría pertenece la palabra hermoso?
·         Alumno: No es un sustantivo, es un adjetivo.
·         Docente: Felicidades. La respuesta es correcta.
4. Matizar los errores y acentuar los aciertos. Hemos quedado en que no hay respuestas erróneas. Simplemente, que hay respuestas que necesitan más preguntas para que se acierten. En este sentido es fundamental la primera respuesta que des cuando un alumno te responda de forma errónea. Por el contrario, debes acentuar, debes reforzar al máximo cuando se acierte.
5. Compartir el error. Siempre he pensado que el error es la viva imagen de la soledad. Cuanto te equivocas te quedas completamente solo con tu error. Nadie quiere acompañarte. Hay que cambiar esa percepción tanto como sea posible. ¿Cómo? Enseñando a tus alumnos a pedir ayuda a sus otros compañeros e intentado que sean ellos quienes lo elijan, no tú. ¿Qué conseguirás con ellos? Algo fundamental. Compartir el error, compartir la primera frustración que se siente al no tener la respuesta que quieres. ¿Cómo hacerlo? Aquí te dejo un ejemplo:
·         Docente: ¿Cuál es la capital de Francia?
·         Juan: No lo sé.
·         Docente: ¿Qué compañero te gustaría que te ayudara a responder a la pregunta?
·         Juan: Andrés.
·         Docente: Andrés, ¿sabes cuál es la capital de Francia?
·         Andrés: Creo que es París.
·         Docente: Juan, ¿tú qué crees?
·         Juan: ¡Sí, es París! Ahora me acuerdo.
·         Docente: Felicidades a los dos. Ambos habéis acertado la pregunta.
La escuela de hoy aborrece el error, penaliza el error, castiga el error, cuando el error es una extraordinaria oportunidad de educar a tus alumnos. Por eso, no eduques a tus alumnos para que nunca se equivoquen. Educa a tus alumnos para que cuando se equivoquen, cuando cometan un error, sean conscientes del aprendizaje que eso implica y del valor que tiene para su autoestima, para su inteligencia emocional.

Los peores errores de la vida son los que no cometemos
ARIANNA ISABELLA VILLAO PERALTA
Recuerdo el día que llegaste, tan pequeñita y tan linda…
me saltaba el corazón de alegría y emoción, mi hija me daba una nieta
y no para hacerme más vieja sino para darme la felicidad de que la extensión de mi raíz será más grande, como los arboles que tienen sus raíces bien profundas en la tierra dando vida.
Quería decirte mil cosas, mil consejos… bahh, cosas de abuela, algunos dirán: “cosas de vieja” pero no!
En ese día no me hubieras entendido porque todavía tu lenguaje era el de los ángeles en la tierra.
Eras tan pequeña, tan frágil…
Sin embargo pensé como podrías saber lo que pensé y lo que sentí en aquel momento, y por eso lo escribí en estas líneas que verás cuando aprendas a leer:
La pureza de tu alma, debe darnos la fortaleza de enseñarte la senda que Dios trazó para ti y poder hacer de tu vida una obra casi perfecta como el más audaz escultor. Amasar uno a uno los ingredientes en tú ser y en ese conjunto, desplegar el abanico de colores que formaran uno a uno los momentos de tu vida con pinceladas de bondad, humildad, sabiduría, esperanza, amor, perseverancia y paciencia en los momentos más difíciles, sonrisas, mucha alegría por vivir y ser feliz, amoldando así tu vida para gozo de Dios.
Para tus padres la alegría de haber cumplido con la voluntad que Dios dejó en sus manos y para ti la satisfacción de haber formado tu mejor obra que será el espejo en el cual se reflejen tus hijos y nietos por venir.
Con mi amor mas profundo, desde el fondo de mi corazón y con mucha emoción, escribo esta carta, viendo como creces día a día y quizás en un futuro tú también dirás cosas de abuela y no por eso cosas de vieja.

Te amo

Soy perfectamente imperfecta

Así es mi cuerpo, no es de portada, de revista, pero tiene la capacidad de abrazar a las personas que amo, de disfrutar un delicioso pastel mientras hablo horas con mis amigas, de saborear una rica pizza, comer es una de las cosas que más disfruto. Tal vez tenga “grasita” donde debería tener músculo y al comerme esos tacos le esté regalando a mis piernas la textura de un famoso cítrico mencionado en todas las revistas de belleza… Parece que es un invasor, por que todos dan recetas para “combatirlo” cosa que dejó de ser prioridad para mí.
En un tiempo estuve tan preocupada por las calorías, el sodio, carbohidratos, azúcares, la dieta de luna, de la piña y todas las que prometen milagros en una semana, haciendo ejercicio extremo para reducir medidas y bajar de peso sólo por sentir que podía “entrar” en unos jeans de una famosa tienda, que parece que vende ropa para los que comen una vez al día y pura lechuga.
Creí que de verdad tenía un problema grave de obesidad, pues ni en sueños iba a comprar un pantalón talla 2 y lo que para ellos ya eran tallas grandes, para mí era la talla ideal para una mujer normal, una mujer sana y con curvas; entendí que en realidad sí tenía un problema, estaba dañando mi cuerpo y no me daba cuenta, no hacía ejercicio para mantener mi cuerpo sano o por placer, no comía sano, más bien iba retirando poco a poco alimentos de mi dieta, estaba de mal humor y cansada, con dolor de cabeza y literal moría de hambre. Empecé a sobrevivir y dejé de vivir y de disfrutar la vida.

¡No más! trato de vivir al máximo disfruto cada momento con mi familia con mis amigos, hago lo que me hace feliz, eso no significa que “tiré la toalla” y me descuidé ¡claro que no! uso bikini y ¡sí!… Tengo las temidas huellas en mi abdomen por haber dado vida, claro que quisiera no tenerlas, pero eso no me hace ni más fea ni menos atractiva, sólo me hace real y humana.
Uso la ropa que me haga sentir bien y me guste sin importar la talla ni la marca, afortunadamente tengo algo que no venden en los centros comerciales se llama seguridad y amor a mí misma puedo salir con la cara lavada sin que eso me traume y tirarme en la cama a ver películas y comer chatarra sin sentirme culpable, trato de balancear mi alimentación porque quiero estar sana y ver crecer a mis hijas; pero eso no quiere decir que tengo que renunciar a lo que me gusta.
No tengo el cuerpo de modelo, ni la piel perfecta, menos un cabello de comercial, pero soy feliz con mi cuerpo perfectamente imperfecto.

En esa etapa gris y dolorosa de mi vida no encontraba un lado positivo, tenía tantas preguntas en mi mente ¿qué te llevo a hacerlo?, ¿por qué a mí?, ¿en qué fallé?, ¿habías dejado de amarme? todo recaía en mí y tontamente compré la idea que la culpable era yo, que tal vez me había descuidado o que ya no era atractiva, que no te gustaba más, pero tenía que aparentar que no me dolía que todo estaba bien.
Una mañana mientras los niños estaban en el colegio, me dio un ataque de llanto como cuando era niña y me sentía desprotegida, lloré hasta calmarme, estaba cansada de tu desamor, de tu indiferencia, de lo cínico que podías ser, de tu traición y de tu ausencia… Me quedé sobre mis rodillas y con la mayor humildad y desprendiéndome de mi orgullo herido grité “¡ya no puedo más!” En ese momento sentí que había soltado algo muy pesado, entendí todo, tenía que liberarme de mi ego, de mi orgullo para avanzar; Dejé de sentir enojo, ese coraje contenido que me cegaba y me amargaba los días, pude ver claramente mi dos opciones, dejar que me derrumbara o hacerme más fuerte, decidí la segunda…
Lo primero fue aceptar que el problema eras tú, tenías tanto vacío que creíste que varias mujeres lo llenarían, no me estabas engañando a mí, te engañabas a ti mismo, no tenías voluntad ni respeto por un amor que decías sentir y me demostraste que fue tan poco que un instinto carnal te hizo olvidarlo y simplemente te derrumbaste ante mis ojos…
Por un momento sentí pena por ti, gracias por enseñarme tanto, aprendí a ver por mí y tener claro lo que quiero y lo que me merezco, porque entendí que cuando amas a una persona buscas su bienestar, la proteges, la procuras y tu último deseo es lastimarla; que el amor no es egoísta al contrario es incondicional.
Ahora sentirme bonita no depende de ti ni de nadie más, sólo de mí y es el reflejo de lo que soy por dentro, me acepto y sé lo mucho que valgo, no me descuidé ni dejé de ser atractiva al contrario ahora me doy cuenta que el único que no lo notaba eras tú.
Me enseñaste a ser tolerante y responsable de mis sentimientos, ahora sé que sólo me pueden dañar si yo lo permito; quiero decirte que no te guardo rencor y siempre desearé lo mejor para ti.

No tengo nada que perdonarte, porque sé que es imposible dar lo que no tienes.